19 junio 2004

El Caso de los Holgado - Parte II

La redondeada figura de la asistenta de los Holgado, se recorta contra una estantería llena de libros sobre mercado y bolsa. Su expresión, aunque todavía alterada, al parecer, por el horrible hallazgo de unas horas atrás, emana una cierta sensación de fiabilidad.

Mientras Salgado la estudia unos instantes, Matilde le mira con un brillo de esperanza en sus ojos. “Probablemente sea de ese tipo de personas que, verdaderamente confían en nosotros, y que piensan que la llegada de las fuerzas del orden al lugar del crimen supone la inmediata solución de todos los problemas.” – piensa para si la Inspectora mientras señala a su acompañante la silla que hace breves instantes ocupaba el joven Jaime Holgado:

- Siéntese por favor.
- Muchas gracias, señora Inspectora – responde la asistenta, agradecida, mientras se sienta con aire de cansancio. El placer de volver a estar reposada se ve rápidamente interrumpido por una nueva pregunta de su interlocutora -.
- Parece que lleva mucho tiempo sirviendo para los Holgado.
- Si señora. Cuando entre a servicio de la familia, el Señor Holgado, el actual quiero decir, no tenia más de 16 años.
- Vaya, supongo que en ese caso conocerá muy bien a todos sus miembros.
- ¡Por supuesto! Los Señores son como mi propia familia. Siempre se me ha tratado muy bien en esta casa, y se me ha respetado como a una profesional – un matiz de orgullo asoma en su voz -. No todas las asistentas de hogar pueden decir lo mismo.
- Ya veo. ¿Qué puede decirme del Señor?
- El Señor es todo un caballero y una gran persona. Ama a su mujer y lleva responsablemente sus negocios.
- ¿Ama a su señora? – Salgado mira a su interlocutora fijamente a los ojos -.
- ¡Por supuesto! – responde esta sin apartar la vista –. Seguro que el joven Señor le ha estado contando cosas horribles de esta casa, y quizás tenga algo de razón. Pero el chico es joven y tiende a exagerar las cosas, como todos los jóvenes.
- ¿A que se refiere con eso de que quizás tenga algo de razón?
- Bueno, la Señora es toda una dama, y ello conlleva una serie de obligaciones y responsabilidades. Quizás no siempre ha tenido todo el tiempo que su marido e hijo hubiesen deseado para ellos. Pero el joven Señor no debería quejarse. La vieja Matilde siempre ha estado aquí para cuidar de él y quererlo casi como a un propio hijo.
- ¿Y al Señor?
- No creo que deba contar las intimidades de los Señores – la firmeza y el orgullo florecen ahora en la voz de la asistenta -.
- ¿Cree mejor dejar suelto a un peligroso asesino que quizás quiera acabar con toda la familia? – la pregunta es aderezada con un tono un tanto tenebroso -.
- ¡Cielos! – la vieja asistenta se santigua -. ¿Cree que quien haya cometido semejante atrocidad puede volver?
- Tengo sospechas de que así podría ser – Salgado se regodea un poco en el farol y el tono tétrico de su voz. Sabe que no debería hacerlo, pero hasta ser Inspectora de policía tiene que tener algún tipo de diversión –. Sin embargo, quizás podamos cazarlo a tiempo, pero para eso debe contármelo todo.
- Esta bien, esta bien. Espero que la Señora – los ojos de la mujer se entristecen al tiempo que se elevan hacia el cielo – sepa perdonármelo. El Señor y la Señora tenían sus más y sus menos, como todos los matrimonios. Y desde que el joven Señor se marcho de la casa, la situación no hizo más que empeorar. Sin embargo, últimamente, el Señor estaba haciendo grandes esfuerzos por recuperar la relación. Y créame que estaban dando resultado.
- ¿Cómo puede estar tan segura?
- Bueno… - la asistenta se ruboriza y baja un poco la mirada mientras se apresura en terminar la frase – A veces los encontraba en distintos puntos de la casa abrazados como tortolitos.
- Ya veo. Por cierto, antes comentó que el joven Señor se había ido de casa.
- Si, bueno. Tuvo algún tipo de discusión con la Señora. Creo que debida a que el joven Señor aún no trabajase. Y al final, tras una ruidosa pelea, cogió sus cosas y se fue.
- ¿Cuánto hace de eso?
- Hará unos dos años.
- Y que ha hecho el joven Señor desde entonces.
- Bueno, no lo se muy bien. Me paso el día trabajando en la casa y es difícil saber lo que sucede fuera de ella. No obstante, me pareció escuchar algo de que vivía con algunos amigos, intentando iniciar una carrera en el mundo del arte.
- Comprendo. ¿Qué sabe del doctor Varela?
- Solo se que es un buen hombre y un gran médico. Ha sido amigo de toda la vida del Señor. Una lastima que se encontrase justamente aquí, precisamente esta noche.
- Y finalmente, ¿qué me dice de la Señora?
- Bueno, ella… Ella era una dama, como ya le dije – las lagrimas comienzan a aflorar en sus ojos –. Distinguida, elegante…
- ¿Y con enemigos?
- ¡No, Cielo Santo! – responde Matilde en medio de las lágrimas –. Quizás en casa las cosas no le fuesen tan bien, pero fuera todo el mundo la quería. Y era su marido quien llevaba todos los negocios, ¿quién podría querer hacerle daño a la pobre Señora?

La Inspectora suspira y alarga un pañuelo a la asistenta, que lo toma casi instintivamente, tras lo cual comienza a enjuagarse las lagrimas que le corren por las mejillas como enormes gotas de lluvia. Salgado se reclina unos seguros en su asiento para reflexionar sobre el estado de la mujer, y finalmente le habla:

- Esa bien. Ha sido de gran ayuda. Siento mucho la pérdida de la Señora. Le prometo que intentaremos por todos los medios capturar y detener al culpable. Ahora será mejor que vuelva al salón e intente tranquilizarse.

La asistenta se levanta de su asiento y, tras una leve inclinación de cabeza, que Salgado no sabe si interpretar como un gesto de afirmación, de agradecimiento, o simple deformación profesional, se encamina lentamente, paso a paso, hacia la puerta de la biblioteca, sumida, aun en un angustioso llanto.

Salgado cierra los ojos y piensa unos instantes en todo lo que ha oído en sus dos últimas conversaciones. Cada nuevo dato no hace más que aumentar la complejidad de la investigación. Y de momento, aunque tiene el móvil de la póliza de seguros, y los conocimientos del doctor Varela para respaldar el método empleado en el asesinato, es incapaz de relacionarlos.

“¿Un plan urdido entre Varela y Jaime Holgado?” – piensa –. “Es posible, pero aun es pronto para sacar esa conclusión.”

El ya más que conocido traqueteo de la puerta corrediza, finaliza abruptamente las elucubraciones de las Inspectora, por lo que abre de nuevo los ojos para ver como la figura baja y rechoncha del Señor Holgado, se acerca rápida y nerviosamente hacia ella.

CONTINUARA…

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno querido Roch, podías haber sido más explícito cuando dijiste "¿viste mi weblog"?... en fin.

Encontrado está. Y leido :D. Me encantó "Mester de Juglaria", sencillamente precioso.

Dr.Alberdi... xDDDDD

Anónimo dijo...
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ROCH dijo...

Jolin...

Prometo que lo de "Dr. Alberdi" ha sido solo una jugada de mi subconsciente (menos mal que lo hice doctor y no letrado).

Por cierto. Borre el post anterior por que Loki envió dos veces el mismo :) (No, no es que hubiesen desvelado el misterio. ¡Suspicaces, que sois todos unos suspicaces!)

Anónimo dijo...

Muy intrigante, esperemos que al final el asesino no sea un extraterrestre, o un mayordomo depsedido con anterioridad...

NAcho