13 noviembre 2006

La Visita del Señor Urrutia (La Saga de Urrutia I)

El pequeño despertador analógico marcaba lentamente el paso del tiempo con su sonoro tic-tac. Lejos, en la calle, algún vehículo pasaba ruidoso o un grupo de muchachos decidía que golpear bidones de basura puede ser divertido.

Marcos dejo de mirar al techo y centró su atención en el despertador. Probablemente acabaría olvidándola. No en mucho tiempo. Pero solo aquella noche ya estaba durando demasiado. Estúpida percepción relativa del tiempo.

Dejó que sus brazos cayeran sobre la cama y volvió a mirar al techo. Recordándola. De nuevo la vio bailar, a lo suyo, ignorante de su atención --aunque a veces hubiera jurado que le miraba--. Y de nuevo se vio a si mismo, tamborileando nervioso con los dedos sobre la barra, buscando desesperadamente que decirle, o como hacerlo, o lo que fuera.

- Perdone ¿Molesto?

Marcos se incorporó en la cama sobresaltado por la interrupción. Y se arrastró hasta estar de espaldas a la pared al descubrir el origen de la misma: un hombrecillo le observaba cansadamente desde el centro de la habitación.

El personaje era un tipo ya mayor, bajo y regordete. El poco pelo que le quedaba le caía sobre la frente, lacio y sudado, en forma de un pegajoso flequillo. Su traje, gris oscuro, estaba gastado y arrugado. Tan ajado como el maletín de cuero que sostenía sin energía con su mano derecha.

- Lamento el sobresalto. Es difícil de evitar. ¿Es usted el señor Don Marcos Gutiérrez Cuervo?

El señor Don Marcos Gutiérrez Cuervo, aun no repuesto del sobresalto inicial y cerca del estado de shock, se limitó a asentir con un movimiento de cabeza.

- Me alegro. Soy el señor Urrutia. He sido asignado como su APER o Asistente Personal de Elucubraciones Retrospectivas.

Ante la cara de desconcierto de su interlocutor, Urrutia suspiró imperceptiblemente.

- Mire, soy como su ángel. Como en Cuento de Navidad o en Que Bello es Vivir. Básicamente voy a permitirle ver en vivo el desarrollo de su vida si hubiera tomado otras decisiones en momentos determinados.

El APER colocó la cartera sobre el escritorio y comenzó a sacar papeles que desperdigó por la mesa. Finalmente, se detuvo a ojear uno.

- Aquí esta. Podemos empezar por ver como sería su vida si no hubiera descuartizado a aquellos adolescentes.
- Creo que se equivoca.

Al verse interrumpido, el señor Urrutia levantó sus ojillos por encima del documento para mirar, sin demasiado interés, a Marcos.

- ¿Perdone?
- Que creo que se equivoca. Yo no he descuartizado a nadie.

El hombrecillo volvió a sumergirse en el documento y tras ojearlo más detenidamente lo dejó sobre la mesa volviendo a su maletín.

- Tiene razón. Se trataba de otro Gutiérrez Cuervo. Disculpe el error. Aquí esta --dijo tomando otro documento. Ya veo. Lo que haremos sera ver lo que hubiera pasado de haberse atrevido a hablar con aquella chica del bar.
- Oiga, preferiría no saberlo si...
- Me lo imagino, pero esto no es un servicio opcional.

Urrutia buscó unos segundos en su triste traje gris hasta que dio con un teléfono móvil de aspecto muy moderno en el que comenzó a marcar.

- ¿Como que no es un servicio opcional?
- No señor. Va incluido con el lote.
- Pero que lot...

La frase fue interrumpida por un gesto imperativo de su interlocutor que comenzó a hablar por el teléfono:

- Claudia, cielo, soy Ángel. Activame lo del expediente número cinco mil trescientos veintiún millones, doscientos cuarenta y siete mil, novecientos once.

Cuando Marcos abrió los ojos se encontraba en un parque de la ciudad. El calor hacia de agradecer la suave brisa que mecía los árboles en flor. El sol comenzaba a caer hacia el horizonte.

En un banco pudo verse a si mismo. Estaba más moreno y algo más delgado. Llevaba unas ropas que no tenia y que, por otro lado, nunca había pensado comprarse. Apoyada en su hombro, dormitando con una expresión de paz, la chica del bar le cogía suavemente la mano.

- Creo que esta imagen es bastante gráfica --apuntó Urrutia desde su lado.
- Joder, solo faltan pajarillos cantando a su... Nuestro alrededor.
- Puedo ponerlos si lo desea.
- ¿Como? ¿Puede alterarlo?
- Así es.
- No parece muy creíble si puede alterarlo a voluntad.
- Bueno, a voluntad no. Y de todas formas, esto no es real. Solo es lo que hubiera pasado si usted le hubiera hablado.
- Que nos hubiéramos enamorado.
- Así es.
- Parecemos muy felices.
- Si la estampa no es suficiente, puedo mostrarle escenas más clarificadoras.
- No. No se moleste. Esto ya me jode bastante. ¿Podemos volver?

Urrutia abrió de nuevo su móvil, que no había guardado, y dio a rellamada. Tras unos segundos esperando con el auricular en la oreja se oyó una voz de mujer al otro lado del aparato y Urrutia comenzó a hablar.

- Ángel otra vez. Ya hemos acabado... Si, ese es...

Por un momento, Marcos creyó oír a través del altavoz la pregunta a la que su APER acababa de responder: «era la elucubración de que se enamorasen, ¿no?».

De vuelta al cuarto, Urrutia recogía cansadamente los documentos esparcidos sobre el escritorio. Marcos se quedo unos instantes pensativo y cuando el recién conocido estaba cerrando el maletín, le interrogó:

- Oiga, espere un segundo. ¿Lo que hemos visto era lo que iba a pasar de todas todas?

Urrutia arrastro el maletín sobre la superficie de madera hasta el borde, por donde lo dejo caer sin soltarlo. Luego miró a Marcos con cara de resignación:

- De todas todas, no.
- Explíquese.
- ¿No ha oído hablar de la Teoría Cuántica? Es imposible predecir nada. Todo esta en todos los estados. Es un lío explicárselo ahora.
- Vaya. No imagine que los ángeles estuvieran en tan buena relación con la ciencia.
- No soy un ángel. Soy su APER. Lo del ángel fue una simplificación para que pudiera digerirlo durante el shock inicial.

Marcos pensó durante algunos instantes más.

- De acuerdo. Pues quiero ver lo que hubiera pasado si hubiera hablado con la chica y me hubiera mandado a cagar.

Urrutia suspiró.

- Créame, le dará igual.
- ¿Esta de coña? ¿Como me va a dar igual? Ahora iba a dejarme como si al no hablar con aquella chica hubiera perdido al gran amor de mi vida. Quiero ver otras posibilidades.

Urrutia no discutió más. Con cara de que aquello iba a traerle complicaciones, dejó el maletín, saco de nuevo su flamante teléfono móvil y llamó:

- Claudia soy Ángel otra vez... No, no. El mismo expediente. Pero cambiando la suposición... Ya, ya lo se... ¿Y yo que se...? Pásaselo a Marketing y que lo justifiquen con alguna campaña... De acuerdo. Quiere ver lo que pasaría si la chica le hubiera dado calabazas.

Urrutia ya no estaba y Marcos seguía en su cuarto. Al buscar a su APER se sobresaltó al encontrarse a si mismo durmiendo plácidamente en la cama. Un sueño pesado. De borracho.

- Parece que no te sentó bien lo de la chica y bebiste algo más de la habitual --Urrutia estaba de nuevo al lado suyo. Sin embargo yo diría que pareces bastante complacido contigo mismo.
- Mierda. Esto es más cutre que lo otro, pero sigue siendo mejor que mi estado actual. ¿No hay ningún caso peor? Usted dijo que con lo de la Teoría Cuántica todo estaba en todos los estado.

El hombrecillo se rasco la cabeza.

- Si que hay posibilidades peores. Por ejemplo, aquellas en las que, al hablar con la chica, esta se convierte en una Bestia de los Abismos y le devora las entrañas mientras sigue vivo.
- ¿Qué?
- La Teoría Cuántica no es sencilla. Todas las posibilidades quiere decir, precisamente, eso: todas las posibilidades.
- Pero lo de la Bestia Devoradora parece muy improbable.
- Casi imposible.
- En ese caso, lo que quiero es que me diga cual de las dos escenas que hemos visto tenia mas posibilidades de ocurrir si hubiera hablado con la chica.
- Eso es sencillo: cero ambas.
- ¿Cero? pero la Teoría Cuántica...
- La Teoría Cuántica no es inmune al tiempo. Dado que al final no llegaste a hablar con la chica, las posibilidades de cualquiera de las dos alternativas son igualmente cero.
- Pues menuda mierda...

De vuelta en su cuarto, Marcos volvía a mirar al techo. No le apetecía salir a la calle a felicitar la Navidad a todo el mundo mientras repartía su fortuna. Ni tampoco se sentía con ganas de saludar a cada casa tras saberse necesario.

Antes se sentía mal y ahora sabia por que. Ni la capuyada incomprensible de la Teoría Cuántica le salvaba: tenia lo que tenia, o, mejor dicho, no tenia lo que no tenia, por haber sido un cobarde.

Ese Urrutia era un perfecto cabrón. Pero quizás debiera estarle agradecido.

3 comentarios:

Guti dijo...

Si pudiera sacar una moraleja de esto sería la leche. La necesito.

Pero me da la impresión de que no hay... ¿O sí?

ROCH dijo...

Mi intención era que la hubiera. Pero no me gusta explicar mis propios relatos. Si no se entiende sin explicación, es un fallo del autor :(

A lo mejor las partes siguientes lo aclaran :)

Guti dijo...

Haces bien; no debes explicar tus propios relatos :-)

Es que entiendo que para este tío la moraleja quizás era que debía haber abordado a la chica para bien o para mal, y la cuestión de la cobardía, y demás. Pero es un dilema falaz. No hablar con ella también es una decisión :-) Por eso digo que no extraigo una verdadera moraleja.

Si la tienes, sería la receta ante todas las indecisiones :-)