03 agosto 2004

Venganza

El general Robles se detuvo ante la gran ventana detrás de su escritorio.
Fuera, la guarnición de palacio iniciaba el cambio de guardia mientras por la entrada del patio circulaba un incesante tráfico de motocicletas con importantes mensajes de campaña.
Alguien llamó a la puerta.
- Adelante.
- Fausto ha sido traslado a la sala de interrogatorios como ordenó Su Excelencia.
- Bien, iré en seguida.
Mientras el joven oficial cerraba la puerta del despacho, el General echó un vistazo a un oscuro rincón de la habitación, donde un hombre permanecía de pie, apoyado en la pared, casi imperceptible.
La sombra hizo un leve movimiento de asentimiento, y el general Robles se encamino a la puerta.

El estado del llamado Fausto era realmente lamentable. Sin embargo, su mirada se mantenía firme y sus labios cerrados. Aunque ese hombre podía proporcionarle la información que necesitaba para el dominio total del Planeta, su fortaleza agradaba al general más que enfurecerle.
- No creo que de mucho más de si, Su Excelencia – comentó el oficial al cargo de la tortura -. Lo más recomendable seria emplear el suero.
- No aplicaré el suero con él. Ha sido un oponente digno.
El prisionero lanzó al general una mirada cargada de odio, pero que dejaba entrever algo de desesperado entretenimiento.
- Ahora va a resultar que el mismísimo Robles sabe lo que es la dignidad. Quizás debiste habérselo explicado mejor a tus hombres cuando les enviaste a arrasar mi ciudad.
La cara de Fausto se congestionó con la ira.
- ¡Puedes meterte tu código del guerrero por donde te quepa! Si la situación fuera a la inversa yo no tendría ningún miramiento contigo. No pararía hasta que sufrieras lo que yo sufrí, hasta que supieras como me sentí cuando me lo quitaste todo.
La expresión del general no vario un ápice durante todo el discurso de su enemigo. Cuando este hubo terminado, sacó su revolver de la cartuchera y le apuntó a la sien.
- Se perfectamente lo que se siente al perderlo todo – dijo mientras apretaba el gatillo.

El general miraba desde su silla al oficial que tenia enfrente, pero su expresión delataba su ausencia. El oficial continuaba su discurso con obediencia militar:
- Más de cincuenta mil hombres. El Plan Quimera se desarrolla a la perfección, los informes al respecto deben estar al llegar. Y en cuanto a China, la firma del tratado de rendición se ha completado casi sin incidentes.
- ¿Y Argentina? – preguntó Robles con la misma expresión de abstracción en su rostro.
- Bueno. Ha sido una lastima no poder obtener ninguna información adicional de Fausto. Sin embargo, su captura seguramente supondrá un duro golpe para los rebeldes. Quizás fuera un buen momento para aumentar nuestra presión en la zona.
- De acuerdo. Envíe al Escuadrón Sombra. Ellos sabrán que hacer.
- Si Su Excelencia.
Tras una mecánica reverencia, el oficial preguntó si no se le ordenaba nada más. Y ante una respuesta negativa de su superior, dio media vuelta y abandonó con decisión la estancia.

La oscuridad de la noche parecía ahogar la luz de las lámparas.
De uno de los rincones de la habitación, surgió una sombra para definirse poco a poco, hasta convertirse en un oficial de la edad del General, con un uniforme negro más sencillo que el del resto de sus compañeros.
- Parece que casi ha terminado, Su Excelencia.
- Sin Fausto, Argentina caerá irremediablemente.
- A veces pienso que debí dejar que Fausto te matase aquella tarde.
- ¿Y por que no lo hiciste?
- Bueno, soy tu guardaespaldas, y creo recordar vagamente que también tu amigo.
El general se levantó y comenzó a caminar meditabundo por su despacho. Mientras, su acompañante sacaba algo de licor de un mueble y llenaba un vaso. Aún tuvo tiempo de tomar un par de tragos antes de que su superior volviese a hablar:
- Estoy tan cerca de lograrlo…
- ¿Tu venganza?
Robles disimuló un escalofrío que le detuvo unos instantes:
- La salvación del Planeta. El orden y la paz absolutos.
- Vamos, vamos. Yo no soy tu gabinete de prensa.
El general volvió a detenerse por un momento antes de reanudar la charla, esta vez algo más nervioso:
- Bueno si, también mi venganza ¿Contento?
- A mi hace tiempo que me da igual. La pregunta es si tu estas contento.
- ¿Qué quieres decir? ¡Estoy a punto de cumplir mi ideal, mi sueño! ¿Cómo no voy a estar contento?
- Oye, en serio. Si vas a seguir con eso del “mundo perfecto bajo un Nuevo Orden de ley y paz” por mi lo dejamos.
- ¿Entonces que quieres que te diga? – respondió el general parándose en seco y girando hacia su interlocutor.
Este se limitó a tomar un pequeño sorbo de su vaso y a responder con total calma:
- Quiero saber si la venganza es tan buena como esperabas.
- ¡Claro que lo es!
El general respondió de inmediato. Sin embargo, tras pronunciar estas palabras se quedo durante unos segundos meditando. Luego, continuó con un tono de voz menos seguro:
- Lo perdí todo. Mi mujer, mis hijos, mis amigos... ¡Todo!
Y mientras recordaba momentos pasados, la confianza volvía a su voz, esta vez apoyada en la ira.
- ¡Ahora sabrán lo que sufrí! Esta raza de enfermos sentirá su propia crueldad. Y después, nadie tendrá que volver a pasar por lo que yo pase.
El general permaneció inmóvil, con los puños apretados, mirando fijamente a su guardaespaldas. Este se limito a levantarse del borde del escritorio donde se había sentado y a terminarse de un trago el considerable contenido de su copa.
- Desde luego has enseñado a la raza humana lo que es sufrir. Veintitrés años de interminable y sangrienta guerra mundial. Miles de millones de personas muertas, torturadas, huérfanas, viudas…
- ¿Y que querías que hiciera? – grito el general con la frente empapada en sudor.
- ¡Recuperar lo que te quitaron!
Esta respuesta desconcertó a Robles, que intento preguntar, pero fue interrumpido por su interlocutor, que ahora le hablaba mirando a la pared.
- No lo perdiste todo aquel día, Robles. Cierto, tu mujer y tus hijos fueron asesinados, junto con algunos de tus compañeros. Pero todavía quedábamos algunos buenos amigos. Todos sentimos la pérdida, pero pudimos habernos recuperado, juntos. Y quizás, al final, hubiera llegado un día en que volviésemos a estar unidos y felices, honrando la memoria de aquellos que se fueron.
El hombre de negro se giró bruscamente para enfrentarse a Robles con la desesperación brillando en su mirada.
- ¡Pero no! Tú tuviste que hundirte en el odio, en el rencor. Todos los demás te fueron abandonando. Todos menos yo. Y pude ver como una y otra vez hacías lo mismo que te hicieron a ti. Lo mismo que nos hicieron a todos.
El hombre avanzaba hacia su superior señalándole con el dedo mientras que sus ojos eran bañados por las lágrimas.
- ¡No Robles, no fue la raza humana quien te negó al felicidad, fuiste tu solo! Tu solo te encerraste en tu odio, y después en este nauseabundo palacio. Tu solo apartaste a todos aquellos que pudieron haberte hecho recuperar lo que perdiste.
El oficial se paro a unos pasos de su amigo, bajo el brazo, y su tono de voz pareció dejarse llevar por la desesperanza:
- Si tanto odias a aquellos que en su momento te privaron de la felicidad, ódiate con la misma fuerza a ti mismo, pues tú te has privado de ella para el resto de tu vida.

Un disparo resonó en la noche.
Grandes focos se encendieron en los muros, y decenas de hombres corrían por las estancias del palacio siguiendo un plan de emergencia.
Y en un oscuro despacho, un oficial vestido de negro sangraba tumbado en la alfombra con una sonrisa de paz en sus labios. Y mientras sus ojos se cerraban, recordó aquella tarde en la que a sangre fría, mato a la mujer y a los hijos de su mejor amigo.

4 comentarios:

ROCH dijo...

Por fin he actualizado esto.

Si, ya se que el relato de Juan P. no esta acabado. Pero me estaba costando mucho encontrarle final, o mejor dicho, unir el final con lo que ya tengo escrito, y me canse de él.

Precisamente ese intento de forzarme a acabar un relato en el que ya no tenia ilusión ha sido uno de los motivos de que tardase tanto en actualizar.

No obstante, esto no significa un adiós definitivo. Las musas son caprichosas y quizas algún dia sepamos como acabó el Sr. Perez.

Aprovecho este comentario para pediros disculpas por el formato de los relatos.

El de los anteriroes era horrible. El del actual se supone que es el correcto, salvo que cada parrafo deberia estar sangrado y no lo he conseguido.

Espero que no os cueste demasiado leerlo y que os guste.

El Aprendiz dijo...

Cuanto ha cambiado Juan P.

Me alegro que hayas actualizado. La historia está muy bien y no da ningún problema leerla, como las otras, creo

Anónimo dijo...

jejejej esta genial, por cierto, no te habras inspirado en nada no?? porque teniendo en cuenta que mi segundo apellido es Robles... :P

Si son todos tus futuros escritos asin, bienvenidos sean, por cierto, otro dia podrias explayarte en el subordinado ...

Dulivan

Tania-chan dijo...

Me ha gustado mucho tu relato, Roch. Sólo te pongo una pega (la misma que a los demás relatos) ... ¡repasa las tildes, que te las comes casi todas! No es algo grave, pero queda un poquito mal.

Ciaoo ;)